
Pablo ha visitado Tolerancia Cero y nos deleita una vez más con su discurso, el mismo de hace años, sólo que matizado y con paños fríos. Lejanos parecen los días de las condenas inquisitoriales contra Piñera y Pía Guzmán, de las teorías conspiranoicas y de las visiones ultraterrenas. Sin embargo algo queda de eso, en su prédica monocorde, en sus explicaciones que a pocos convencen y en su semblante de escasa sonrisa.
En su columna mercurial, Carlos Peña calificaba a Longueira de mesiánico. En un pasquín universitario que lanzamos con amigos hace años, lo califique de “maoismo a la chilena”, por unos delirantes afiches a lo Andy Warhol que poblaron el campus en su homenaje. Etiquetas no exentas de verdad, pero incompletas y, como toda etiqueta, carentes del análisis serio que requieren los juicios políticos.
En realidad, Longueira es más de lo que ven sus supuestos adversarios y menos de lo que creen sus seguidores. Claramente tiene un liderazgo fuertísimo al interior de la UDI, sobre todo en la militancia joven, una gran voluntad y creencia en lo correcto de su proceder, y una especial vinculación al “mundo popular”, que viene ya desde los ochenta. En tal sentido, y aunque él no lo admita, es un animal político nato, un pilar de su partido e inevitable a la hora de lograr acuerdos tanto al interior de la Alianza como con la Concertación. No es alguien para mirar a huevo, no es Moreira.
Sin embargo, todas esas capacidades se van al tacho de la basura con un temperamento pendular y una hipersensibilidad digna de una terapia de años. La UDI –partido de amigos más que de camaradas- genera personajes como Pablo, quien no discrimina entre las disputas personales y las reyertas de la arena política, como se vio en sus disputas con Allamand sobre la autoria de ciertas mociones y su pataleta por no haber sido proclamado candidato cuando y como el quería. Otra manía, común con Jovino, y que volvió a relucir en el panel de CHV: el exponer una y otra vez sus sacrificios y penuria que ha vivido por el “servicio público”, como sigue en la política a pesar de lo mucho que la odia, como si a la gente no se hartara de ese masoquismo público, como si nunca hubiese leído lo que nuestro Señor ordena sobre el silencio de la penitencia y el ayuno.
Piñera es el reverso de Pablo, y se nota. Pablo, sacrificado, entregado, inmolado por la causa de la sociedad libre, presa de sus propios mitos, esclavo de las patrañas gremialistas. Piñera, oportunista, cínico y con su sonrisa forzada a lo Rafa Arenada, sin trancas morales ni sutilezas ideológicas que se atraviesen en su camino. Claramente representan los mismos intereses políticos y económicos, pero con antecos distintos, y eso sigue latiendo al interior de la campaña, quizás por eso se retiró del comando, conciente de que la farsa de amistad no convence a nadie.
Y es que la UDI es así. Como señalé antes, se vanaglorian de ser “grupo de amigos” más que una comunidad militante unida por la fe en una doctrina. Por ello, es susceptible a las grietas que se producen en los grupos de amigos: desconfianzas, celos, decepciones, etc. Un movimiento político de verdad se basa en la doctrina común, y camarada es aquel que lucha por hacerla realidad en la sociedad en que vive, y quien no lo hace tiene la puerta bien ancha. Nuevamente, los gérmenes autodestructivos de la derecha chilena, mal por ellos, bien por quienes estamos en la trinchera.
Con todas sus capacidades y su “training” político, Pablo termina siempre mostrando la hilacha, sacando a relucir su niño interior: ingenuo, miedoso, necesitado de comprensión en un mundo de fieras salvajes. Un día negocia reformas legislativas al más alto nivel con Lagos y al otro se deshace en lloriqueos por Allamnad, tal como adolescente despechada. Longueira humano… demasiado humano.
Aún cuando pensé en un comienzo que no valía la pena escribir sobre el marido de Karen, es inevitable tomar una posición, pero no porque el sujeto lo amerite en sí mismo, sino por las expectativas puramente viscerales que genera en muchas personas supuestamente inteligentes y versadas. Además, como ha sido mi propósito con este blog, es necesario seguir extrayendo elementos de análisis y líneas de acción para quienes realmente luchan por cambiar las cosas,