Archivo | mayo, 2011

Democracia ¿como y para que?

10 may

Los años parecen no transcurrir para algunas personas. En la Concertación y sus apéndices (ya no se les puede llamar “extraparlamentarios”) se ha hecho común el concepto de “fuerzas democráticas y progresistas” –de tal forma que los adversarios no son democráticos ni progresistas- para definirse a sí mismos. Apelando a un lenguaje en parte similar al utilizado en los años 80, cuando tenía cierto sentido invocar la lucha por la democracia como una consigna movilizadora de masas ¿tiene sentido hablar de ello en el Chile de 2011?

Sólo a modo ejemplar, para los miembros de Océanos Azules -otrora think tank de la campaña de Frei- la gran idea radica en transformar la actual “Concertación de Partidos por ls Democracia” por un “Coalición de Ciudadanos por la Democracia”, propuesta cuya genialidad no discutiremos aquí –al fin y al cabo poco nos importa- pues sólo observamos la obsesión permanente con la “democracia” entendida como alusión al bien universal, sin mayores concreciones. Esta organización -en al defensa del proyecto de reforma elaborado por Pablo Ruiz Tagle- insiste en la consigna de la “Democratización”, mediante inclusión del referéndum, elección directa de gobiernos regionales, cambio del sistema electoral, entre otras proposiciones ya conocidas y repetidas hasta la nausea.

Esto es importante: cuando nuestros honorables y su intelectualidad mercenaria hablan de “democratización”, de “cambios democráticos”, etc., ellos están hablando de SU DEMOCRACIA, del Estado de partidos, basado -igual que en la Francia robesperriana- en la soberanía ficticia de una voluntad general inexistente. No puede dejar de advertirse que prácticamente todas las reformas políticas que se proponen suponen una masa de ciudadanos aislados, sin vínculos territoriales o grupales, por lo que son incapaces de organizarse, deliberar entre sí y generar propuestas autónomas, sustentadas en su realidad concreta, no quedándoles más opción que servir de sujeto pasivo de los “formadores de la opinión pública” con el poder financiero y mediático para hacerlo, con lo cual el circulo de la partidoracia se mantiene incólume.

De ahí que las proposiciones constitucionales que no ataquen el monopolio de los partidos, que no acerquen el poder a comunidades humanas capaces de administrarlo racionalmente, son una estafa a la Nación, un juego reaccionario y falaz. Tal “democratización” que nos quieren vender es otra muletilla del Partido Único de la plutocracia.

Sin embargo, aún cabe preguntarse si al pueblo chileno la palabra democracia le resulta sugerente, si es una consigna capaz de movilizar a amplios sectores, como lo fue durante los años80. Anuestro juicio, en un contexto despolitizado  y sumido a los dictados de los medios, la consigna de la democracia sólo podría resultar fructífera si se precian los siguientes puntos:

  1. La democracia no es fin en sí mismo o una especie de religión laica universal. La democracia debe ser un instrumento, un medio eficiente y eficaz de organizar y gestionar las comunidades menores y la comunidad nacional, que permita una distribución adecuada y el crecimiento de la riqueza material y espiritual creada por el pueblo, así como el castigo de quienes atentan contra la convivencia y la defensa de la unidad política  El régimen político debe servir para alcanzar la justicia en la Nación, al contrario de ahora, en que la “democracia” es sólo la legitimación formal de los poderes usurarios.
  2. Mientras que por años se habló de socialismo o capitalismo “con rostro humano” (por lo demás, no hemos visto que dichos sistemas hubiesen sido obras de extraterrestres o animales), nuestra bandera comprende  una democracia a la medida del hombre. ¿De que se trata esto? Que existan los órganos que permitan a las personas, en primerísimo lugar, decidir sobre sus relaciones de vecindad, su comunidad de trabajo y la crianza y educación de su familia, para luego, por delegación, intervenir en la elaboración de las leyes y de las políticas públicas de alcance general.
  3. La existencia de un régimen de amplia participación popular, que supone la entrega de poder para las personas y comunidades, exige que ellas sean concientes también de sus deberes hacia la Nación y que las decisiones tomadas en común siempre llevarán consigo sacrificios para unos, los cuales deben ser compensados en la medida de lo posible.
  4. Nuestro régimen no puede basarse en la existencia de una “voluntad general soberana” no susceptible de verificación científica, pues tenemos claro que tanto las decisiones diarias como las de crisis en todo gobierno son adoptadas por pocas personas, elegidas o no. Lo que debemos garantizar al pueblo es:
    1. Que toda decisión de alcance general en cada nivel territorial (comuna, región, nación) incorpore los aportes y críticas de todos los cuerpos sociales afectados, a través de las ponencias de sus delegados responsables.
    2. Que, a través del sistema de delegados, cada ciudadano-trabajador pueda ascender en puestos de responsabilidad hasta llegar, si sus méritos y el voto así lo determinan.
    3. Que los órganos restringidos o unipersonales que adopten decisiones que, por su complejidad técnica o por la necesidad, no puedan ser examinadas por los delegados, asuman la consecuente responsabilidad política –y penal si lo amerita- de sus acciones negligentes o lesivas al interés general.

En síntesis, no se trata de resucitar ilusiones de juventud o satisfacer las extravagancias filosóficas de algunos iluminados. Se trata de ofrecer al pueblo chileno un INSTRUMENTO DE GOBIERNO ÚTIL. Por eso nos comprometemos y por eso luchamos.

Matando al soldado Bin Laden

3 may

En Washington y New York las masas celebran. Una victoria popular a nadie le viene mal, al menos después de tantos años sin que EE.UU. no tuviera una. Al parecer de lo mismo si la muerte de Bin Laden es efectiva o no, pues el efecto mediático se está logrando: el Capitán América nuevamente a salvado a la civilización occidental democrática y liberal de la amenaza islámica (y antes comunista, y antes fascista, etc).

Ya saltan las dudas ¿Será el cuerpo? ¿Cómo estaba mucho más cerca de zonas habitadas y no en una oscura cueva afgana? ¿Sabían los servicios paquistaníes? En realidad no lo podemos saber todavía y, en realidad, poco importa, pues pareciera es que con esta acción EE.UU. pretende cerrar la “storyline” del islamismo radical de factura saudita. En vista de las actuales circunstancias del mundo árabe, ya no es necesario e incluso puede resultar contraproducente.

En efecto, es ya bastante documentado como la CIA, los petromonarcas del Golfo y –en su oportunidad también- el régimen de Islamabad financiaron y dieron alas tanto al wahabismo ultraconservador como a los “estudiantes” pobres refugiados en Pakistán, como una contención tanto hacia la invasión soviética de Afganistán como a la Revolución Islámica de Irán, una tarea en que también colaboró gustosamente el después vilipendiado Saddam Hussein, titular de una dictadura nacionalista árabe y laica. Una vez desaparecido el enemigo rojo -que tampoco lo fue tanto- el objetivo no podía ser otro que el mantener un germen de terror funcional a los intereses de Israel y de los sátrapas del tipo Mubarak y… quien lo diría, Gadaffi.

A estas alturas tampoco importa si los atentados del 11-S fueron o no teledirigidos por EE.UU. contra su propia población a través de Bin Laden. Lo cierto es que éste y otros ataques favorecieron objetivamente la estrategia militar americana y sionista, además que no generaron movimiento político y social amplio de resistencia en el mundo musulmán. El “Emirato Islámico” de los talibán fue cualquier cosa menos un Estado y mantuvo al pueblo afgano en la miseria, mientras que el “cuco” Al Qaeda no logró una vertebración popular como la que han obtenido Hamás y Hezbolah tanto en Palestina como el Libano, colaborando con movimientos laicos y incluso cristianos, sin abandonar el Islam.

Ahora la cosa es bastante diferente. Con un mundo musulmán que ha desafiado por igual a cómplices del sionismo como Mubarak, petromonarquías como de la Bahrein y a los últimos mohicanos del nacionalismo árabe como Assad, al existencia de un enemigo funcional está de más. Los antaño amigotes de EE.UU. están pagando años de platos rotos en nombre de la “civilización occidental y cristiana” (¿y qué carajo es eso en el año 2011?) y llega la hora de abatir al verdadero enemigo: los movimientos de resistencia que no cayeron en las tretas yihadistas fabricadas en Ryad. Alerta para Irán y sus gobernantes: hace tiempo que están en la mira.

Esto no es “teoría de la conspiración”, no “Salfatismo”, como algunos pretenden. Es “realpoltik” pura y dura.

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